Chad anunció el domingo 6 de agosto, que reanudaba las relaciones diplomáticas con China, en detrimento de Taiwán. Esta decisión marca una nueva victoria para el gigante asiático, cuya presencia en África se vuelve ineludible.
Chad es el tercer país africano (séptimo en el mundo) en romper relaciones con Taiwán desde el año 2000, y en normalizar las relaciones con Pekín. Antes lo habían hecho, Liberia y Senegal, en octubre de 2005. La ruptura de relaciones diplomáticas con Taiwán es un requisito previo al establecimiento de relaciones con China, ya que este país no reconoce la existencia de Taiwán como independiente, sino como la antigua isla de Formosa, una "provincia rebelde".
Las relaciones entre China y los países africanos han ido en ascenso, convirtiéndose en una tendencia ya establecida. Es que los países africanos experimentan la necesidad de acercarse a China, a pesar de las generosidades financieras de Taiwán. "El aumento del poderío chino en la escena internacional dio a entender a los países africanos que el establecimiento de relaciones diplomáticas con China era más importante que los lazos con Taiwán", explicó el analista He Wenping.
Del otro lado, China también necesita de África, más allá de la batalla diplomática con Taiwán. Pekín tiene intereses económicos en el continente negro, los chinos necesitan de África para proveerse de recursos naturales y de mercado para sus productos.
Chad cuenta con una extensión del oleoducto, construido por China en el vecino Sudán, con el fin de evacuar su crudo hacia puertos sudaneses. A la larga tendrá que dejar acceder a los chinos a su oro negro.
Sin embargo, el interés de China en África va probablemente más allá de lo puramente económico. Pekín envió, en varias ocasiones, a funcionarios de su gobierno de gira por el continente, una señal de que pretende jugar un rol político, acorde a su renovado protagonismo en el sistema internacional.
Para los países africanos, China constituye un aliado de importancia, no sólo por su poderío económico, sino por peso político mundial, que puede proteger a un gran número de naciones africanas, que se encuentran sumergidas en guerras civiles, y esperan escapar a sanciones internacionales, o conseguir la ayuda internacional.
En el caso de Chad, el gobierno de N’Djamena cuenta con China como apoyo para lograr que se vote una resolución sobre Sudán, y convencer al régimen sudanés de parar de armar a los rebeldes de Chad.
Según algunos analistas, la decisión de Chad podría tener un efecto dominó en África. Taiwán es hoy reconocido solamente por 24 países, de los cuales cinco son africanos, y otros pequeños países de América Latina y del Pacífico."